Tu piel tiene que ser tan suave
como deslizar mis dedos
sobre el papel en el que te lo escribí todo,

para que jamás lo leyeses.

Soñar.

Y de fondo una canción de Nirvana.

Rape me rape me my friend

Más alto. Más, más, más fuerte.

Rape me...

He gritado, mi garganta se ha roto en dos,

Los tabiques han caído en seco en medio de un mundo de caos.

He arrancado de cuajo páginas de mi biografía que no quiero encuadernadas, que quiero bajo mi almohada todas y cada una de las noches que me faltan para descontrolar mi respiración y mis lágrimas delante de tus ojos.

Mírame. Quiero ver cómo lo ves todo.

Rape me, rape me again

Tu piel tan suave,

Tus manos rayando la piel de mi espalda.

Te echo de menos, lo reconozco, ¿qué más quieres?

Mi voz será tuya en un minuto, durante un minuto, y sólo eso.

No te necesito, pero qué mal lo aparento, ¿verdad?

Es todo cuestión de piel,
todo cuestión de imaginación, todo cuestión de agarrar con las dos manos los raíles del tren.

Sí.

Todavía recuerdo que tu piel era tan suave...

[Dormí once meses en la estación, al no ver entre los pasajeros ningún rostro conocido grité, grité y no lloré, y me fui cantando.

Rape me... Rape me...]